Señor
Secretario de Gobierno Departamental.
Yo, Luis Escobar A., varón, mayor
de edad, y del vecindario de Itagüí, en donde tengo mi residencia, le
manifiesto, con el mayor respeto que una autoridad como la vuestra se merece,
los siguientes acontecimientos:
En el Municipio de Itagüí tengo
una tienda de víveres y licores, que espero, algún día, usted pueda visitar. En
días pasados el señor Alcalde del Municipio ordenó una requisa a mi tienda, sin
saber yo el motivo de tal disposición. Dos agentes de la autoridad, en
cumplimiento de su misión, llevaron a cabo la labor con toda la cautela. Como
la tienda no es espaciosa, sería rápida la búsqueda de aquello que yo, con
asombro, también esperaba encontrar. Llegaron al cajón donde se guarda el
dinero y justo allí observé que sus ojos, con aire de suficiencia, tomaron sin
preguntar lo que para el Alcalde es objeto de recelo. Inmediatamente salieron,
sin mediar palabra, a hacerle la respectiva entrega.
Dichos objetos, por sí mismos, no
son elementos de delito ni de infracción alguna, pues falta una mano que los
haga jugar, y en el cajón no había mano alguna que iniciara el prohibido juego,
por tanto, contrariado, me dirigí a la oficina del Alcalde para que me hiciera
la justa devolución. Este señor, sin dar mayor explicación, se negó
rotundamente.
Es mercancía que por sí misma no
tiene restricción pública, como le indiqué. Además se cotiza en el comercio y
su venta es libre. Sirve además para entretener de múltiples formas, no solo de
la manera prescrita por las sabias autoridades.
Insisto entonces en que el señor
Alcalde no tiene derecho alguno para quitarme lo que siendo mío no atenta
contra las leyes que nuestros ilustres gobernantes han expedido para la
preservación de la moral.
En consecuencia pido a usted,
respetuosamente, se digne a ordenar al Señor Alcalde Municipal de Itagüí que me
entregue mis dados, pues no estando prohibido su comercio, mal puede
quitármelos como mal lo ha hecho.
Medellín,
mayo 11 de 1945.
Luis Escobar.